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Desastres Naturales

El Control de Vectores frente a un Desastre Natural


Probablemente no exista prueba más estricta de la calidad de la infraestructura de Salud de un país que un desastre natural repentino.

Por definición, desastre, es aquel que excede  la capacidad normal de respuesta de una comunidad.

En cierto modo, el preparativo más importante en previsión de catástrofes naturales es un sistema sólido y bien concebido de prestación de servicios de salud, donde el control de vectores juega un rol fundamental.

Aunque hay muchos tipos de desastres naturales. Los que impactan en las áreas urbanas argentinas son las inundaciones, los sismos, los aluviones, y las sequías.

En cada caso, el rápido cambio de las condiciones del medio altera en general el modo de vida, lo que puede ocasionar estados de tensión y trastornos de la salud en toda la población. A menudo, las personas tienen que vivir hacinadas y en malas condiciones de higiene, lo cual entraña el riesgo de epidemias.

La planificación preliminar, consistente en el establecimiento de comités de preparación y la formulación de planes de urgencia, puede reducir dicho riesgo. Sin embargo, la mayoría de los programas de lucha antivectorial tienen procedimientos administrativos estáticos e inflexibles. En consecuencia, existe la tendencia a responder de manera rutinaria a las situaciones de desastre, siendo así que éstas exigen innovación y flexibilidad.

Los desastres naturales no producen "nuevas" enfermedades, pero al alterarse las condiciones ambientales pueden dar raíz a la intensificación de la transmisión de enfermedades ya existentes, por los siguientes medios:

 · Efecto directo del medio físico, por ejemplo contaminación fecal.
 · Efectos indirectos resultantes por hacinamiento, falta de higiene, etc.
 · Estímulo o intensificación de la migración de personas.
 · Interrupción de los programas ordinarios de lucha antivectorial
 ·Redistribución de las especies de vectores.
 

Preparativos para casos de Desastres

Un programa de lucha antivectorial debe contener datos actualizados sobre el estado y distribución de las enfermedades de transmisión vectorial que son endémicas en el país como en regiones vecinas. También debe mantenerse al día la información sobre vigilancia entomológica de poblaciones de vectores y sobre emplazamientos y situación en cuanto a personal, insumos y equipos de aplicación de éstos. Debería incluir el continuo adiestramiento del personal de campo a fin de depurar los procedimientos, prácticas, y mantenerse alerta.

Dicho programa debería estructurarse teniendo en cuenta:

 a) Instrumentos, medios auxiliares y actividades necesarias para la vigilancia, evaluación y control.
 b) Reservas de insumos, vehículos y otros equipos, listas de personal, fondos variables.
 c) Estado de los sistemas de transporte, comunicaciones e información.
 d) Instrucciones sobre procedimientos de ayuda interregional e internacional y listas de organismos.
 e) Plan de operaciones de emergencias.
 

Acciones posteriores al Desastre Natural

Una de las primeras medidas será la evaluación de los potenciales problemas de vectores y roedores y el acopio de información básica adecuada. El emplazamiento de las viviendas provisionales deberá ubicarse de tal modo que sea mínimo el contacto de la población con los vectores. La evaluación exacta de los posibles problemas y la determinación de los recursos que se necesitan, es de primordial importancia. Un acopio de datos fidedignos y actualizados con anterioridad al desastre facilitará la correcta evaluación de la situación ulterior a éste y permitirá adoptar las decisiones respecto al plan de acción.

Según el tipo de desastre es necesario:

 1.      Determinar la zona geográfica afectada, tamaño y distribución de la población y las circunscripciones políticas y sanitarias involucradas.
 2.      Evaluar la importancia de los daños sufridos por los sistemas de transporte y comunicaciones.
 3.      Determinar la disponibilidad de personal, disponibilidad y estado del equipo y suministros en la zona afectada y la posibilidad de obtención de recursos adicionales de regiones indemnes.
 4.      Examinar la información existente sobre vectores y roedores, inclusive sobre densidad de las poblaciones en la zona afectada, y sobre la prevalencia en ésta, y otras cercanas, de enfermedades relacionadas con esos animales.


Determinación de acciones prioritarias

Para evaluar la influencia que tienen los daños causados por un desastre natural en los problemas ocasionados por vectores y roedores, es preciso conocer la biología y ecología de éstos, y la evolución de una y otra en las nuevas condiciones reinantes. Por ejemplo, las inundaciones suelen anegar o destruir los sitios de cría de los mosquitos. Posteriormente crean hábitats adicionales que, con el tiempo, quizás hagan aumentar la densidad de población. Cuando los sistemas de agua y alcantarillado sufren daños, los nuevos depósitos de agua potable pueden constituir otros tantos sitios de cría de Aedes aegypti, y las letrinas de pozo provisionales constituir hábitats para moscas sinantrópicas y Culex quinquefasciatus. Las malas condiciones de almacenamiento de alimentos y de saneamiento, así como la contaminación por escombros, cadáveres de animales y excretas, pueden favorecer la reproducción de moscas y hacer más visibles las poblaciones de roedores.

Las zonas urbanas, suburbanas, y rurales de máxima prioridad para la ejecución de las medidas de control se determinarán con relación a los siguientes criterios:

 · Población expuesta.
 · Número de brotes confirmados o presentes de enfermedades.
 · Historia reciente de transmisión de enfermedades.
 · Densidad relativa de las posibles poblaciones de vectores.
 · Aumento apreciable de los sitios de cría.
 · Presencia de reservorios potenciales de enfermedades.
 · Accesibilidad estacional por vía terrestre.

Las principales actividades de lucha contra vectores y roedores tendrán lugar en el período que sigue al desastre. El demorar la acción hasta que los brotes de enfermedades o epidemias se encuentren en su punto álgido puede resultar catastrófico, tanto desde el punto de vista médico como económico.

En caso de que la acción inmediata para controlar las poblaciones de vectores resulte insuficiente y se produzca un brote de enfermedad, todos los esfuerzos deberán encaminarse a la reducción en el más breve plazo de los agentes infectantes.
 

Enfermedades relacionadas con vectores y roedores:

Las enfermedades transmitidas por mosquitos representan un riesgo a raíz de desastres asociados con lluvias torrenciales, anegamientos, e inundaciones. Sin embargo, el efecto inmediato probable, tal como ya mencionamos, sea la destrucción de los hábitats de larvas, y por consiguiente, de la población de estos vectores, con la creación secundaria de nuevos sitios de cría.

Es difícil determinar si éstos harán aumentar las poblaciones de adultos y en consecuencia, la transmisión de enfermedades.

Las enfermedades transmisibles representan un riesgo mayor cuando ya eran endémicas en la zona del desastre o cerca de ella.

Además las infestaciones de moscas, cucarachas, piojos del hombre, y roedores, pueden plantear problemas serios. Después del desastre natural, las poblaciones de moscas y roedores parecerían aumentar, ya sea porque se hacen más visibles o pues efectivamente han aumentado.

Ello se debe en parte a la interrupción de servicios de saneamiento tales como los de recogida y evacuación de residuos, y también al hacinamiento de personas, con la consiguiente concentración de roedores e insectos, etc., en las mismas fuentes de alimento y escondites.

Puede suceder que los refugios provisionales faltos de higiene y espacio, y la deficiencia de los recintos para almacenar alimentos, se transformen en lugares ideales como habitats para chinches, piojos, pulgas, ácaros, mosquitos, y roedores.

En esas condiciones el riesgo de la probabilidad de transmisión de enfermedades alcanza un pico máximo.

Es importante destacar que los vectores, en general, no se limitan a la región afectada. La emigración desde la zona afectada hacia zonas periféricas ofrece la oportunidad, en éstas, de brotes de enfermedades.

Relacionando lo expuesto con desastres que involucran el agua, las zonas periféricas pueden contener habitats que sean más adecuados para oviposición inmediata de los mosquitos que la zona del desastre propiamente dicha.

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